A pesar de morar en la paz, el cuerpo en el cuerpo, la mente concentrada y todo lo externo abandonado, hay una serie de trenes de pensamiento que surgen una y otra vez.
Es como que vienen de muy lejos y llevan mucho tiempo surcando las mismas vías. Tienen tanta inercia que no se pueden parar con una exhalación y una inhalación. Son tan antiguos y astutos que si cierras una vía concentrandote en el cuerpo, encuentran otra por la que entrar.
Por muy sincero que sea tu esfuerzo, son más listos que tú.
Entonces se me ocurre que tal vez sea mejor dejarles agotar su inercia.
Aquí, sentado tantas horas seguidas, tengo tiempo de escuchar los coches que pasan. A lo lejos, un avión. No se me ocurre detener los coches, ni mucho menos el avión; no cierro los oídos para no escuchar esos sonidos. Vienen y van.
Y, lo mismo que se hace con un coche o un avión, se puede hacer con un tren.
...de pensamiento.
Es toda una lección de humildad. Un duro golpe para mi orgullo. Porque me va tan bien con el trabajo intenso con la respiración que pienso que aquí y ahora, por medio de ese esfuerzo, voy a acabar con las causas del nacimiento y la muerte.
Pero hay que estar dispuesto a perder. De eso va el paso 16: Relinquishment, letting go: renuncia, abandono, dejar de aferrarse...
Y Hongzhi "stay with this just as this, stay with that just as that".
Karma es acción. Es intención. Karma es tomar la responsabilidad de nuestras acciones, la posibilidad de crear en cada momento las circunstancias para acabar con el sufrimiento. Pero hay también un resultado de las acciones pasadas y seguro que en el pasado hemos realizado acciones irresponsables. Por eso es normal que, como a Angulimala, nos tiren piedras.
A veces desde un avión; a veces desde un tren.
Última de las notas del retiro de invierno 2011.