6.3.11

Hongzhi en la estantería

Cuando el encuentro con Hongzhi se iba difuminando en mi memoria solidifiqué su recuerdo y fui amoldando a él mi experiencia.

Así, en los últimos meses mi práctica de meditación consistía en amoldarme a mi recuerdo de Hongzhi, en recrear esa memoria.

Esto acurre en otros contextos también. Uno encuentra un maestro y acomoda su experiencia a él; uno escucha y es encantado por las enseñanzas del no-yo y fuerza su experiencia a percibir el no-yo; uno llega a la conclusión de que la verdad última es azul y acaba viéndolo todo del azul más puro.

Para vivir en soledad, para actualizar eso que no depende ni se compara, uno tiene que dejar de forzarse en azul, en no-yo, en maestro, en Hongzhi...

Así, en dinámica quietud, un copo de nieve cae en un horno, Hongzhi se queda la estantería y la ballena respira agua.

4 comments:

Hernán said...

Es cierto, se supone que tenemos que deshacernos del bote tras haberlo utilizado, pero en lugar de ello se nos da por constuirle templos encima.

daishin said...

ja ja, el templo del bote.

Una imagen precisa (y ridícula)

huellaszen said...

El bote, en realidad, no podemos ni conservarlo, ni abandonarlo. Este es el koan del zen, de nuestra vida, el genjokoan.

Y, en efecto, su solución no pasa por construir ningún templo encima, más bien por derruir todos los templos, ajenos y propios.

daishin said...

¿Habéis visto esos templos comidos por la selva?

Quiétamente sentado, crece la hierba sola