3.2.11

El evangelio ZEN de Thomas

A veces son los gansos, a veces son las olas o un viento descarriado.
A veces es una hoja o, como aquella vez en el sur, un limón verde.
A veces es la pata de una silla o apagar la luz o la aceitera junto al fogón.
Otras veces es sentarse, sólido como una roca y el espacio es sin límites, la mente es sin límites, no queda nada.


Recuerdo mis primeros tiempos con el zen poseído por los escritos de Suzuki y sus ecos. Ahí, como tantos otros, construí una imagen del zen a la vez que creía deconstruir la imagen de mí mismo.
Tuve suerte de encontrarme con Thomas Cleary, cuya construcción se acercaba terriblemente a lo que es deconstruir en realidad. Más suerte tuve aún cuando me fui a Jiko An, cuna del zen alpujarreño, donde se me confirmó que el despertar no depende de dogmas, ni de escuelas, ni de tradiciones.
Sin embargo quise experimentar lo "auténtico", the real thing y me fui a Japón donde al final tuve que reconocer que el zen samurai no era para mí. En última instancia me quedé sin casa porque la ortodoxia me echó a los caminos y anduve solo y desvalido (¡pobre!) tantos años hasta que, cansado, encontré refugio en los suttas y en Thanissaro.
Ahora, después de tantos años, vuelvo a los caminos sin formas, esta vez no me echa nadie porque ya no tienen fuerza ni poder y vago sin rumbo por un campo ilimitado. A veces solo, a veces acompañado, a veces paro en un refugio a pasar la noche o en una posada a tomar un té, un vino y a echarme unas risas.
Luego, solo de nuevo, contemplando la luna, recuerdo con nostalgia aquellas construcciones de antaño, castillos de arena, y me quedo con el viejo Thomas y sus traducciones. El evangelio ZEN de Thomas Cleary, podríamos llamarle :D
Lo que él no escribe, me lo dicen los gansos, las olas, el viento descarriado, una hoja, un limón verde, una sólida sentada.

4 comments:

Hernán said...

Me gustan mucho las traducciones de Cleary. La Esencia del Zen y las Enseñanzas del Zen me parecen libros muy interesants, pero no soy sinólogo como para poder saber si son buenas o no.

Tengo entendido que en algunos ámbitos más académicos se lo mira de reojo.

daishin said...

Para saber si son buenas o no, no necesitas ser sinólogo.

TC usa a los antiguos maestros para transmitir un mensaje que, en el fondo, no se limita al zen o al no zen.

Si te pones en plan estricto, académico, uno ve que las citas son incompletas y que dan pie a mil interpretaciones; no cita las fuentes ni el contexto en el que dichos textos fueron publicados.

Pero la "versión" del zen que TC te da es mucho más sana, viva y flexible que la rígida, ahogada en sí misma que la ortodoxia zen te da hoy día.

Hernán said...

Eso de las diferentes "versiones" del zen me lleva a mi pregunta de estos últimos meses. Zen vivo, zen flexible, zen muerto, zen legítimo, zen ortodoxo. Todo eso me lleva a pensar si lo que nosotros hacemos es zen, si lo que hacen aquellos es zen o si nada de nada es zen. ¿Y siendo que nada de eso sea zen, porqué necesitamos nombrarlo y acotarlo?

Pablo said...

yyyyyyy Hernán da en el clavo!!!! XD

(el señor Hernán se ha ganado una mochila Yoda como premio ^^)

"Zen" es "chan", es "dhyana", es "jhana", es sentarse a meditar bajo un árbol, en un cementerio, en una cabaña (o en tu casa) y deshacer lo que está hecho. Y yastá. Lo demás es simple nombre cool.

¿Te lleva el señor Thomas a deshacer nudos? Entonces es buen "zen". ¿Que no? Tíralo y coge otro (en el sentido castellano del verbo coger, Hernán).

En cuanto a los nombres, Ajahn Chah decía que el lenguaje es un constructo de la mente y que, en el fondo, no es nada...pero que con algo tenemos que entendernos, ¿no? El problema es cuando la gente piensa que yo estoy haciendo "vipassana" o "Theravada" y tú estás haciendo "zen" y David está haciendo "Chan" y que los tres hacemos cosas distintas. Es cuando el lenguaje pierde su sentido y hay que ponerse a escribir sobre gansos o cubos de mierda.

Joder, si es que decís unas cosas los dos también...