Tendiendo la ropa, me acompañan los eternos pajaritos. Es un tranquilo día de invierno, el sol bajo se mete por la nariz, la nieve se ha ido, solo quedan charcos enormes con el fondo helado, tentadores para los niños, trampas de madres.
Tendiendo tranquilo, con la sonrisa de saber que la ropa no se va a secar nunca. Nunca. Y otra vez pasan los gansos volando y todo está vivo, tan vivo. Las pinzas están vivas, la ropa baila en la brisa, la hierba está triste y húmeda.
Los gansos, los gansos.
Uno de los momentos más fascinantes de la vida de Gotama es cuando descubre el camino al despertar. Ha estado tantos años siguiendo a este maestro, a este otro o mortificandose hasta lo inimaginable y llega un momento en que tiene que reconocer que nada de esto le ha llevado más cerca del despertar. Entonces recuerda un momento de su infancia en el que estaba sentado bajo un árbol y un poco sin quererlo, se encontró tranquilo, feliz y sintiendo cierto placer en el cuerpo. Es curioso verle dudar; después de tantos años de asceta le cuesta reconocer que una meditación en la que hay placer físico pueda ser el camino. Además, ¿qué van a decir todos esos sabios ancianos que llevan décadas practicando austeridades y afirmando que es el camino?
Sin embargo, llega a la conclusión de que el placer generado durante la meditación no depende de nada externo y que en sí no es peligroso. Y así descubre la correcta meditación.
Algunos dicen que ahí Gotama definió el primer aspecto del noble sendero pero yo lo dudo, puesto que ya llevaba años practicando la correcta atención, el correcto esfuerzo y llevaba una estricta disciplina ética.
Sea como fuere, el redescubrimiento de una práctica de meditación acompañada de bienestar, felicidad e incluso placer corporal fue la base que le permitió liberarse de las cadenas que le ataban al samsara, encontrar la felicidad que todos buscamos en algo que no depende de otros ni atenta contra otros y describir ese proceso de liberación en la enseñanza de las 4 nobles verdades.
Por eso encontramos en los suttas la contínua exhortación: id a una habitación vacía o al pie de un árbol y practicad meditación. No perdáis el tiempo.
1 comments:
Tanto miedo a apegarnos al placer nos hace olvidarnos de dónde está el verdadero sufrimiento.
A jhanear todos, y menos charla!
Post a Comment